Una nueva generación de bebidas envasadas cambiará el panorama del mercado en el próximo año. Cuatro sub-categorías que han surgido con mayor margen y captación de nuevos consumidores a través de nuevos formatos e innovación en el producto de las RTDs (Ready to drink).
La primera son los refrescos con un toque (crisp refreshments), con ejemplos como Moscow Mule (vodka, ginger beer, lima, hojas de menta) o Smirnoff Ice (vodka mezclado con cítricos y menor graduación, un 5,5%).
La segunda son las mezclas afrutadas (fruit refreshments o alco-pops); es el caso de Bacardi Breezer, con base de ron, 4% alcohol, disponible en una variedad de frutas (limón, piña, manzana, lima, naranja, melón, coco, mango…) que dan un sabor afrutado (algunos disponibles en mitad de azucar). Otro ejemplo es Reef, vodka con zumo de naranja y fruta de la pasión, 5% alcohol.
El tercer subsegmento son los cocktails preparados. Como el Margarita King, tequila de doble destilación, licor de naranja, zumo de lima, en botella de 750ml. Dice ser ideal para fiestas al aire libre o barras desbordadas. Por último las latas pre-mezcladas: Es el caso de Whyte & Mackay, whisky escocés y cola, un 4,5% de alcohol en lata de 250ml.
Bebidas como éstas, basadas en licores, cervezas y vinos, harán temblar a los grandes fabricantes de refrescos. Al menos si atendemos al director de marketing de Halewood International, una empresa inglesa que empezó como una start-up local y que ha llegado a facturar 250 millones de libras en todo el mundo. Mucho para una pequeña empresa, poco para las cifras que manejan los grandes de las gaseosas.
En España hace años que venimos oyendo la entrada de estos combinados preparados. Su presencia es muy reducida y dudo que se produzca un gran cambio. Cuando alguien piensa en tomar un combinado, le gusta elegir su marca de ron o de whisky, coger y destapar la botella, oir y contemplar esa peculiar caída sobre las piedras de hielo. A continuación, abrir la botella de su refresco favorito, oir como escapa parte de su carbónico y el chisporroteo cuando se une a la alcohólica. O, mejor aún, ver cómo un profesional se lo prepara tras una barra.
El oído, el tacto, el olfato, la vista y, finalmente, el gusto, valorando la idoneidad de la mezcla para la ocasión. Aunque esto tampoco podemos pensar que va a ser así siempre. Otras ceremonias y protocolos del placer en el consumo ya cayeron antes rendidas ante el imperio de la velocidad en nuestro estilo de vida.
