La reputación de un país al rescate

21 Noviembre 2010 | Sin comentarios

Como se decía antes, el valor, al soldado, se le presume. Hoy las cosas han cambiado. Hoy se presume que el soldado hace labores humanitarias, aunque sea a tiros. Por lo demás, la presunción se deja para los presuntos delincuentes. Ya que, a pesar que nuestro ordenamiento jurídico habla de presunción de inocencia, los medios de comunicación nos han enseñado a presumir la delincuencia. ¿Y en qué podemos confiar?

Si se va la luz una vez cada dos años, seguiremos nuestra cotidianidad. Pero si empezara a irse una vez al mes, nos pondríamos a tomar medidas: Comprar velas, tener linternas a mano, quizá hasta comprar un alimentador independiente para el ordenador de sobremesa. Es decir, cuando algo que vemos normal que funcione falla ocasionalmente, la desconfianza empieza a ser la norma.

Es lo que le está pasando a la sociedad con los cargos públicos, los jueces y las empresas. Cayeron grandes empresas y bancos internacionales, por lo que nos reforzaron la confianza aumentando el aval público. Hubo escandalosos casos de corrupción, por lo que se hicieron sonadas operaciones que parecieron limpiar todo.

Hemos enseñado a la sociedad a confiar en valores como la democracia y el sufragio. Palabras que parecían justificar las acciones políticas y prevenir la perversión del sistema. Hemos enseñado a creer en la separación de poderes. Es la reputación de los irrefutables.

Sin embargo, empieza a haber cierta cadencia en las excepciones. Los escándalos empezaron a trascender la reputación de personas concretas, calando el descrédito sobre el gremio al que pertenecen o, lo que es más grave, al sistema que lo sustenta.

Ahora caen los países. Países europeos, países democráticos. Gobiernos que elegidos por la soberanía popular. Mercados libres, demasiado intervenidos o demasiado poco. Sistemas que no han funcionado o que han sido víctimas de abuso. Países en los que nadie parece capaz de responder, nadie responsable. Y la UE, ¿con cuántos podrá cargar? ¿Hasta cuándo confiaremos en Europa? ¿Queda algún irrefutable?

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