He estado hojeando el libro de Mercedes Barrutia que analiza cómo se trata la información en los programas informativos de televisión. Me ha parecido muy interesante. Algunos aspectos que yo, sin ser periodista, criticaba negativamente, Mercedes los analiza desde su causa y su desarrollo técnico.
Según su profundo estudio, la televisión ha influido gravemente en el tratamiento de la información. Y puede afirmarse que negativamente si el propósito es informar. Lo que ocurre es que el fin de informar ha pasado a un segundo o posterior plano, frente, sobre todo, al sensacionalismo y la distracción visual.
Mercedes analiza detalladamente algunos ejemplos -que podemos reconocer en cualquier informativo a diario- cómo un simple y poco significante argumento se repite una y otra vez, se da vueltas sobre el mismo, apoyándolo sobre imágenes igual de poco significantes e igualmente reiteradas.
La deformación es especialmente patente en los programas tipo España Directo o Andalucía Directo, al que autodenominan magacín informativo. Para empezar “la noticia no es el suceso concreto sino que el reportero haya llegado hasta el lugar. El sensacionalismo anega los contenidos: las lágrimas y el dolor cobran gran interés. Las fuentes pasan a un segundo plano: Los reporteros buscan a un vecino conmocionado o un ‘abuelo de parque’.
La parte del análisis más técnico resulta también interesante. Como la consideración de los totales en las entrevistas de los personajes: “otro engaño del falso directo consiste en tomar las declaraciones con movimiento, obviando la expresión del personaje… A no ser que el entrevistado llore, claro.”
Si los medios de comunicación son un servicio público y tienen un fin informativo y educativo, no parece que la televisión lo esté cumpliendo. Salvo contadas excepciones, están hechos para tontos y atontan. Porque dicen que una imagen vale más que mil palabras, pero es la palabra la que nos diferencia de los animales.
